Martes, 10 de diciembre de 2019

REMO

Crónicas desde el puerto: Pérdida de indentidad

Regata traineras

Las regatas de traineras, en su época más moderna, han supuesto una confrontación deportiva entre poblaciones costeras del cantábrico, y ahora también de Galicia, buscando la supremacía en el dominio del mar a fuerza de brazos. Desde que yo recuerdo ha sido un deporte prácticamente amateur, o como mucho semi-profesional, en el que la mayoría de los remeros, ante la imposibilidad de subsistir con sus ingresos deportivos, tienen diferentes profesiones con las que complementan su actividad “arraunlari”.

Paralelamente, estos meritorios deportistas, llevaban con orgullo el nombre de su pueblo por los diferentes campos de regatas, sintiendo la emoción añadida de la victoria, por lo que ello suponía para su “txoko”. No sólo se trataba de ganar, sino también de ganar bogando en la trainera de su pueblo. La imposibilidad de dedicarse profesionalmente a ello, en la mayor parte de los casos, constreñían las tripulaciones a los originarios del lugar. Para los aficionados, la ilusión de saber que su trainera la tripulaban amigos, hermanos, vecinos…era un valor añadido a la propia emoción de la competición. De alguna manera, podríamos establecer un símil con el sentimiento que tenemos todos los “realzales” al ver triunfar en la Real Sociedad a chicos que han salido de Zubieta, como los Illarramendi, Rubén Pardo, Xabi Prieto, o Agirretxe…

Pues bien, haciendo un somero análisis del origen de los diferentes tripulantes de las distintas traineras que participan en la Liga ACT, podemos observar que, año tras año, la profesionalización va adueñándose de este deporte, desplazando a los que deberían ser auténticos protagonistas del mismo, y sustituyéndolos por foráneos que bogan por dinero, única y exclusivamente. Profesionales en sentido estricto, a quienes les importa poco lo que supone ser de Bermeo, de Zumaia o de Moaña. Van donde mejor les pagan.

En concreto, la trainera de Kaiku, puntera en los últimos años, no tiene ni un solo tripulante originario de Sestao. Urdaibai, la otra dominadora de los últimos años, que se vio envuelta recientemente en un escabroso asunto de dopaje, tiene cuatro tripulantes originarios de Bermeo. En ambos casos, hay tripulantes que ni siquiera son de este país. Por el contrario, las traineras cántabras, la gallega de Tirán, y sobre todo, las gipuzkoanas, mantienen un alto porcentaje de naturales de la población a la que representan, haciendo de este deporte, además, una cuestión de orgullo local. Si queremos que Kaiku y Urdaibai, a golpe de talonario, se conviertan en el Real Madrid, y en el FC Barcelona del remo, y acaben acaparando todas las banderas en juego, adelante, sigamos por esta vía. Pero entonces, la gente se aburrirá de un deporte en el que hoy casi siempre ganan los mismos, y dejará de sentir la ilusión por animar a “su” trainera.

En mi opinión, eso no tiene ningún mérito y es un error tremendo, que acabará convirtiendo la competición remera en un terreno estéril para la emoción, como ya ocurre en el fútbol, donde cada año, los grandes, a fuerza de talonario, reducen a cero las posibilidades de los pequeños, robándoles los jugadores más destacados, reforzándose a la par que debilitan al contrario. Es una política, la del fútbol, que en Gipúzkoa hemos sufrido de forma reiterada por parte de nuestro vecino de la actual A-21 (antigua A-8), y que ahora parece reproducirse en el mundo del remo. Que no da resultados positivos queda claro viendo la temporada que ha hecho el Athlétic de Bilbao, después de años “rapiñando” jugadores de Donosti, Iruña o Gasteiz.

Confiemos en que el buen criterio de los responsables de la Liga ACT ponga coto de alguna manera a esta práctica que adultera el tradicional componente de orgullo de cada población con su trainera.

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