Martes, 10 de diciembre de 2019

PRIMER EQUIPO

Europa, Hamburgo y una camiseta

Foto: realsociedad.com

Foto: realsociedad.com

Toda mi vida estudiando en colegios de monjas donde todas éramos chicas, y el curso 82-83 me iba a dar un premio: ¡La Real iba a jugar en Europa! ¡Ah, sí, yo iba a preparar mi paso a la universidad en un colegio mixto: Larramendi. Bueno, mixto-mixto…. 29 chicos y 2 chicas. Eso sí que era cambio.

Yo estaba exultante: habíamos ganado la liga, íbamos a Europa y estaba rodeada de chicos con los que esperaba compartir, aparte de muchas otras cosas, mi afición al fútbol.

Recuerdo haber tenido una entrada bastante triunfal. Mi profesor de Mate, el gran Txiribiton, llegó a clase e hizo las presentaciones. Comenzó a hablar de fútbol y ….¡oh, sorpresa! Era del Athletic. Joder, la cosa no empezaba nada bien. En un momento dado soltó una bilbainada típica de todo tximbo que se precie y yo solté un comentario digno de cualquier buen txuriurdin: ¡ Vaya farolada! Con la mala suerte de que sólo se me oyó a mí: 29 miradas masculinas, una femenina y la de Txiribiton sobre mi persona. Me puse roja como un tomate. Habían descubierto mi gran vicio, el fútbol, y mi gran pasión, la Real.

A partir de ahí, todos los lunes me preguntaban los resultados del fin de semana y hablábamos bastante de fútbol, sobre todo en clases de Matemáticas. Por cierto, compartí clase y conversaciones con Xabier Bengoetxea que más tarde se convirtió en jugador y luego directivo txuriurdin.

Mientras yo me peleaba con los libros y Txiribiton, la Real comenzaba su andadura por Europa eliminando al Vikingur islandés, Celtic de Glasgow y Sporting de Lisboa y llegaba a las semifinales contra el Hamburgo.

El 6 de abril jugamos en el emblemático y recordado Atotxa logrando el empate (1-1) con gol de Gajate remontando el gol alemán. Las cámaras de TVE retransmitían por primera vez un partido nuestro en Europa.

Un tanto tristes pero esperanzados esperábamos dar la sospresa en el partido de vuelta en Alemania. Nuestro equipo sufría las grandes bajas de Kortabarria, Gajate, Zamora y Satrústegui. El asunto se presentaba complicado. Pero en peores batallas habíamos peleado y vencido.

En clase comentábamos las posibilidades de poder pasar la eliminatoria. Txiribiton, fiel a su carácter de forofo bilbaino y crecidito debido a la buena marcha de nuestro incómodo vecino, se dedicaba a tocarnos las narices y pasarnos por la cara la imposibilidad de pasar la eliminatoria.

Nunca me ha gustado hacer apuestas y menos con relación a la Real, pero esta vez no podía negarme al desafío que me lanzaba mi profe. Quería hacerme una apuesta: Si la Real no se clasificaba ¡tendría que ir a clase vestida con la camiseta del Athletic! Uff, aquello era demasiado para mí. Mis compañeros me empujaban a aceptar la apuesta y yo confiaba en que mis chicos conseguirían pasar la eliminatoria. “De acuerdo”, dije,” pero tú te afeitas la barba si pasamos”. ( Txiribiton presumía de barba). Se lo pensó pero ante la insistencia de la clase aceptó.

Todos sabemos cómo acabó aquel partido. El linier se lesionaba y era sustituido por un linier ¡alemán! que no anuló el gol del Van Heesen en el minuto 84 en clarísimo fuera de juego. Allí acabó nuestra gran ilusión….y comenzó mi urticaria sólo con pensar lo que mi piel tersa y suave iba a sufrir con el roce de aquellos colores.

La derrota y la eliminatoria fueron tan injustas que hasta el abanderado del Athletic en Larramendi admitió la injusticia que habíamos sufrido y, ante mi sorpresa, decidió perdonarme el castigo que también hubiera sido demasiado duro para mí. Bastante disgusto y pena tenía yo con la eliminación.

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