Domingo, 26 de mayo de 2019

Michael Phelps, el chico de oro

Foto: Getty Images

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El nadador estadounidense Mark Spitz logró una gesta en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 que parecía que nunca se podría superar; ganó siete medallas de oro y batió el récord del mundo en cada una de ellas. Durante décadas su hazaña se mantuvo insuperable y Spitz era considerado el mejor nadador de todos los tiempos, algo completamente lógico debido a la magnitud del logro conseguido.

Pero nuestro protagonista de hoy no había nacido cuando su compatriota Spitz puso patas arriba la piscina muniquesa. Michael Phelps nació en Baltimore, Estados Unidos, el 30 de junio de 1985, siendo el pequeño de tres hermanos. Influenciado por su hermana mayor y debido a sus problemas de hiperactividad comenzó a nadar. Su madre, Debbie, consideró que el chico tenía que canalizar esa hiperactividad de alguna manera, era incapaz de quedarse quieto delante de un libro y atender, por lo que decidieron que Michael acudiese a la piscina a diario después de clase.

Al poco tiempo de empezar a nadar conoció a la persona que sería clave en su carrera deportiva, el entrenador del North Baltimore Aquatic Club, Bob Bowman, quien le dirigiría durante toda su carrera y le modeló hasta convertirle en el mejor nadador de toda la historia.

Phelps no tardó en despuntar y con diez años ya ganaba los campeonatos en los que participaba con una superioridad insultante. Quienes le vieron nadar esos años aseguraban que llegaría muy lejos, pero nadie era capaz de imaginar que acabaría superando el récord de medallas de un Mark Spitz que era un ídolo en Estados Unidos.

Durante esos años todo el mundo decía que participaría en unos Juegos Olímpicos, pero Phelps sorprendió a propios y extraños consiguiendo la marca mínima para clasificarse para los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 con 15 años recién cumplidos. Nadie había logrado entrar en el equipo olímpico estadounidense de natación con esa edad. Cuando parecía que su participación en los JJ.OO. sería testimonial al ser el atleta más joven en la piscina, Phelps se clasificó para la final de los 200 mariposa terminando en quinta posición.

Comienzan los récords

Unos meses después de los Juegos de Sidney, en verano de 2001, se disputaron los Mundiales de natación en Fukuoka, Japón. Phelps llegó con 16 años y su progresión había sido tal que consiguió superar a todos sus rivales en su prueba favorita, los 200 mariposa, batiendo su primer récord del mundo. Una práctica que sería habitual en todos los campeonatos de ahí en adelante.

Phelps era el más joven y brillaba especialmente en su prueba fetiche, pero con el paso de los años mejoraría su técnica en las distintas disciplinas, hasta convertirse en un especialista en los cuatro estilos de la natación.

En los primeros años del nuevo milenio, Australia era el gran dominador de la natación mundial. Organizaron los Juegos Olímpicos de 2000 y eso generó una gran generación de nadadores comandada por el gran Ian Thorpe, otro niño prodigio de las piscinas que perdió el espiritu competitivo demasiado pronto, pero que fue uno de los grandes rivales de Phelps en sus primeros años de competición internacional. Curiosamente, Thorpe tres años mayor que Phelps, era el ídolo del americano y el espejo en el que se miraba en sus primeros años en el mundo de la natación.

Phelps y Thorpe comenzaron a medirse en la piscina cuando el americano empezó a participar en más pruebas. La primera vez que consiguió batir al australiano fue en los Mundiales de Barcelona en 2003 en los 200 estilos. Thorpe era la gran estrella de la natación en ese momento, pero el ‘Tiburón de Baltimore’ amenazaba con arrebatarle el trono.

La gran diferencia entre ambos es que Thorpe era un chico tranquilo, muy elegante en el agua, que nadaba por afición y con una inusitada facilidad debido a sus condiciones físicas. Por el contrario, Phelps era un animal competitivo, siempre quería más y no paraba hasta conseguir cada uno de sus objetivos.

Phelps salió vencedor de Barcelona con un botín de cuatro medallas de oro, dos de plata y cinco marcas mundiales. Ganó todas las pruebas en las que participó salvo el relevo 4×200 y en los 100 mariposa, en los que se vio superado por otro de sus grandes rivales, su compatriota Ian Crocker. Los mundiales fueron un auténtico éxito y las expectativas para los Juegos de Atenas eran enormes. Como era de esperar, Phelps no defraudó.

Su primer oro olímpico

El estadounidense llegó a la cita griega con 19 años y siendo considerado la gran estrella de la natación. Todas las miradas estaban puestas en él y Phelps no defraudó. Se convirtió en el auténtico rey de la piscina, y por consiguiente, de los Juegos. Sumó un total de ocho preseas, seis de oro, quedándose a sólo una de igualar el récord de Spitz en Munich, y dos de bronce.

Era tal la superioridad de Phelps en algunas pruebas, que en los campeonatos del Mundo de Montreal de 2005, decidió no nadar algunas de sus pruebas habituales para mejorar en las que menos dominaba. El ‘experimento’ se saldó con un botín de cinco medallas de oro y una de plata. Sólo Ian Crocker en los 100 mariposa fue capaz de superar al de Baltimore en aquellos campeonatos.

Tras el éxito de Atenas Phelps se convirtió en uno de los deportistas más famosos a nivel mundial y en Estados Unidos las marcas se lo rifaban para sus campañas comerciales. Era el deportista de moda y facturaba en publicidad casi tanto como las estrellas de la NBA o la NFL. Sin embargo, todo saltó por los aires cuando dio positivo en un control de alcoholemia en Maryland y fue detenido. Se declaró culpable y se le condenó a pagar una multa de 250 dólares y a servir durante 18 meses a la comunidad en régimen de libertad condicional.

Para superar el incidente Michael se centró más si cabe en la piscina y se propuso mejorar todas sus marcas con la vista puesta en los Juegos de Pekín. Un año antes de la gran cita asiática, Phelps demostró que la gesta de Mark Spitz era batible. En los Mundiales de Melbourne de 2007 participó en siete pruebas y ganó las siete, consiguiendo además cinco récords del mundo.

La carrera de la polémica

El verano siguiente Phelps se plantó en Pekín como la gran estrella de los Juegos –la irrupción de Bolt se produjo precisamente allí y le robó parte de protagonismo– y con el objetivo de superar la marca de Spitz. El centro acuático de Pekín vivió jornadas históricas a medida que Phelps iba clasificándose para las finales y sumando medallas.

Su primera presea dorada llegó en el 400 libres tras superar al húngaro Lazslo Cseh con relativa facilidad. La segunda cayó un día después en el relevo 4×100 libres, en una de las mejores carreras de la historia. Cada jornada en la piscina Phelps sumaba un nuevo oro y con el tercero en los 100 libres la posibilidad de superar el récord parecía una realidad, todavía le quedaban cinco pruebas por nadar.

Llegaron las pruebas de mariposa, su especialidad, y Phelps cosechó la cuarta, una vez más por delante de Cseh en los 200. Dos días después el americano sumó el sexto oro y el sexto récord del mundo en los 200 estilos. Todos los focos estaban puestos en él y en la posibilidad de sumar su séptima medalla de oro e igualar a una leyenda como Spitz, pero el serbio Cavic se cruzó en su camino en los 100 mariposa que se disputaron el 16 de agosto.

Nadie puede asegurar quien ganó aquella carrera. Unos aseguran que fue Phelps y otros que Cavic, pero según el cronómetro el americano terminó con un tiempo de 50`58 por el 50`59 del balcánico. Viendo las imágenes parece que Cavic tocó antes, pero los jueces aseguraron que Phelps lo hizo con más fuerza y por eso fue quien ganó. Juzguen ustedes mismos:

Phelps entró en la leyenda tras el relevo de 4×100 estilos que supuso su octava medalla de oro. La celebración de los miembros del equipo estadounidense al término de la prueba aún se recuerda. “Quería, literalmente, hacer algo en este deporte que nadie hubiese hecho antes. Sin la ayuda de mis compañeros no hubiese sido posible. Vinimos todos juntos como una unidad”, dijo el nadador de Baltimore tras la prueba.

El récord de Spitz tardó 36 años en caer. La natación cambió muchísimo a lo largo de todos esos años, pero se puede considerar que lo conseguido por Phelps tuvo más mérito, no sólo por ganar un oro más, sino por haberlo hecho en una época en la que la competitividad era terrible, con nadadores especializados en todas las pruebas a los que Phelps batió uno tras otro. Aunque él sabe que si no llega a ser por su amigo y compañero Jason Lezak nunca lo hubiera conseguido. Lezak fue el último relevista del 4×100 libres de Pekín e inició su posta por detrás del francés Bernard. En un último largo apoteósico, el americano logró superar a su rival y logró el oro y el récord del mundo.

Última parada: Londres

Los campeonatos del mundo de 2009 y 2011, en Roma y Shanghai, respectivamente, se saldaron con un total de 10 medallas de oro y una de plata para Phelps, que en los cuatro años que pasaron entre los Juegos de Pekín y Londres también fue noticia por la publicación de una foto en la que aparecía fumando marihuana.

Antes de acudir a Londres Phelps dejó caer que esos Juegos serían su última competición. Le quedaban pocos registros que batir y estaba cansado de la dedicación que la natación exige. Superado Spitz se marcó el reto de superar a la gimnasta rusa Larissa Latynina, que era la deportista que tenía más medallas olímpicas de la historia con un total de 18, por lo que Phelps debía conseguir como mínimo dos para igualarla, ya que llegó a la capital británica con un botín de 14 oros y dos bronces.

La expectación por igualar la hazaña de los anteriores Juegos era máxima, pero en su primera prueba Phelps dio muestras de no ser el nadador imbatible de Pekín. Pasó a la final de los 400 estilos con la octava mejor marca y en la ronda final se quedó fuera de las medallas al acabar en cuarta posición. Era la primera vez que no subía al podio en una prueba desde Sidney.

A pesar de la decepción, la posibilidad de superar a Latynina seguía siendo posible. Su primer metal fue la plata en el relevo 4×100 libre,  prueba en la que Lezak había obrado el milagro cuatro años antes. Lezak no estuvo en Londres y esta vez Francia ganó el oro. Los 200 mariposa también fueron una decepción, ya que Phelps quedó segundo por detrás del sudafricano Le Clos. Tuvo que ser otro relevo, el 4×200 libre, la prueba en la que por fin consiguió subirse a lo más alto del podio por primera vez en Londres, lo que supuso su decimoquinta medalla de oro en unos Juegos.

Ryan Lochte se convirtió en el último gran rival de Phelps. Estadounidense como él, parecía el gran favorito en los 200 estilos, prueba para la que había conseguido la mejor marca clasificatoria. Phelps no tuvo piedad y superó al favorito en una prueba legendaria. Esta victoria le reportó un nuevo récord, ya que fue el primer nadador en ganar en una misma disciplina en tres Juegos Olímpicos consecutivos.

Como no podía ser de otra manera, repitió esta hazaña al día siguiente al volver a ganar en los 100 mariposa por tercera vez consecutiva. Phelps superó a Le Clos, que unos días antes le había privado de su primera presea dorada. Su última prueba fue el relevo de 4×100 estilos. El equipo norteamericano ganó la prueba, lo que supuso que Phelps ganase su cuarta medalla de oro en Londres, consiguiendo un total de 18 medallas de oro en todas sus participaciones olímpicas y un total de 22, con las dos de plata de Londres y los dos bronces de Atenas. Unos registros prácticamente imbatibles.

“Ha sido emocionante al salir de la piscina. La gente se había vuelto loca. Es algo con lo había soñado”, declaró Phelps nada más terminar su última prueba. Días más tarde, en una entrevista concedida a L’Equipe anunció su retirada: “Una cosa que siempre he dicho es que no quería nadar con 30 años. Yo quería ir hacia adelante. Podría haber aguantado tres años, pero habría significado continuar por otro más -para llegar a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro-. Si quisiera, podría haber continuado. Pero estoy listo, creo que es hora de irse a hacer otra cosa con mi vida más que pasar cuatro horas al día en una piscina”.

Doce años después de su debut en Sidney se cerró la carrera del mejor nadador de todos los tiempos sin discusión. Sus récords del mundo tarde o temprano caerán, lo que será muy difícil de superar serán sus 18 medallas de oro en los Juegos, una marca que podría permanecer imbatible para siempre.

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