Lunes, 16 de diciembre de 2019

Paseando con la Real por las calles de Bilbao

Marta Gonzalo (Donostia, 1978)

No importaba si hacía sol, llovía o helaba. Daba igual la hora del partido y quién fuera el rival. La ilusión por ir a Atotxa cuando tenía la suerte de que me regalaran una entrada era muy superior a cualquier otro plan que tuviera programado para el sábado o domingo.

En aquella época, mi padre y dos tíos eran socios de la Real Sociedad en uno de los fondos. Si alguno fallaba… era yo la afortunada de beneficiarse de ese pase. Solíamos quedar en un bar cercano al campo de Duque de Mandas y, cuando estábamos de camino, siempre le decía a mi aita que me gustaba pasar por el ‘túnel oscuro’, como llamaba yo al pasadizo de Eguia, porque aquel paseo significaba que iba a ver a la Real.

Jamás olvidaré el cierre de Atotxa en 1993. Fuimos varias amigas a esa despedida y, al terminar los actos, salté al terreno de juego al igual que otros miles de aficionados para intentar coger  un trozo de césped. Logré el ‘tesoro’ y lo guardé en casa, dentro de una bolsita de plástico y metido en una caja de música. Tiempo después desapareció… supongo que nadie sabía que lo que había tirado era mi pedacito de campo.

Dos años después de la inauguración de Anoeta mi aitatxo me hizo una propuesta: “si quieres te hago socia de la Real, a mi lado, pero ese sería tu único regalo de reyes”. “¿Y qué?”, pensaba yo. ¿Qué más me daba a mí no recibir más ropa, un reloj o una cartera? ¡Iba a ir a ver todos los partidos de la Real Sociedad! Desde entonces la puerta 3 de Anoeta se convirtió en la mía.

Son muchos los recuerdos ligados a nuestro club: el día que fui por primera vez a Zubieta con una amiga y nos cayó una granizada encima (sin dejar pasar que a la vuelta tiramos una moto al ir a aparcar el coche); el 5-0 al Athletic de Bilbao de 1995; la liga perdida en Vigo en 2003; el año que bajamos a segunda división; el último ascenso; la clasificación para Champions de hace dos años… estoy segura de que me dejo un montón de cosas.

Pero… ¡cómo olvidar mi MOMENTAZO en territorio enemigo! Tuvo lugar cuando estudiaba la carrera de periodismo en Bilbao. En segundo curso decidí forrar la carpeta con fotos de la Real: Idiakez, José Félix Guerrero, Aranzabal, De Pedro, Imanol, Alberto y, arriba del todo, una foto de uno de los cinco goles que metimos al ‘Bilbao’ en aquel inolvidable partido. Junto a la imagen, un título: ‘Manita de la Real y humillación a los vecinos’. Y en un ataque de chulería decidí que debía pasearme todo el curso por las calles y el metro de Bilbao con la carpeta colocada de forma estratégica debajo de mi brazo para que los que se cruzaran conmigo leyeran aquel magnífico titular de ‘su’ inolvidable derrota. He de decir que en algún momento escuché en el metro: “mira esa, se la está buscando” o “¿pero de qué va?”.

¿Y qué hice yo?, reírme por dentro y volver a las andadas al día siguiente. Por cierto, aún conservo esa carpeta…

He viajado a Gijón en 1998 para ver jugar a los míos con la cara, labios y uñas pintados, y celebrar por todo lo alto el 0-2 de Aldeondo que nos ponía en las puertas de la UEFA; he ido al cine con auriculares y un walkman con radio para saber cómo iba el resultado de un partido; me he paseado por las calles de Brujas con la camiseta txuri urdin; he ‘evangelizado’ a más de un checo con la doctrina realista… y sé que todavía quedan muchas más locuras por llegar.

En los últimos años, 11 concretamente, los éxitos y fracasos de los blanquiazules me han tocado vivirlos en la distancia. Al terminar la carrera me fui a estudiar un Máster a Salamanca con la suerte de que encontré trabajo al poco tiempo de terminar el curso. Aterricé en un periódico de la ciudad en la que pasé 12 años. En ningún momento oculté mi pasión por la Real, claro que tampoco podía hacerlo porque a las ruedas de prensa iba con un bolígrafo de nuestro equipo y cuando me llamaban el móvil sonaba el txuri urdin. Os podéis imaginar el revuelo de la redacción cuando eso pasaba. Yo tardaba en cogerlo para que se escuchara más tiempo. Al final mis compañeros se acostumbraron y más de uno terminó medio entonando el himno. Además, los dos años que la Real Sociedad estuvo en segunda aproveché para ir a verla al estadio de la UDS, el Helmántico, cuando se enfrentaban en liga. No me importaba mezclarme entre la afición rival, yo lo único que quería era gritar los goles de los míos. Era mi única oportunidad de poder volver a verlos de cerca y no en una televisión. El día que se logró el ascenso fui a trabajar a la redacción con la camiseta de la Real Sociedad y unos pasteles. Me sentía parte de aquel éxito.

Ha pasado el tiempo, y ahora vuelvo a llamar a las puertas de mi tierra con el deseo de volver para quedarme. Empiezo de cero dejando muchas cosas atrás y eso no es fácil, pero todo resulta más sencillo con el respaldo de la familia, los amigos … y las tardes de fútbol en Anoeta.

Pensar en txuri urdin es rescatar del recuerdo algunos de los mejores momentos que he vivido. Es condicionar los planes de un fin de semana al horario de un partido. Es dejar de hablar durante dos horas si el equipo pierde. Es darle un sentido a las tardes de domingo. Es sentimiento, pasión, un orgullo. En definitiva, se trata de una locura… para nada transitoria.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

error: ¡El contenido está protegido!