Sábado, 18 de noviembre de 2017

PRIMER EQUIPO

La desvergüenza de Iglesias Villanueva maquilla el desastre txuri urdin (0-2)

REAL SOCIEDAD 0-2 ATLÉTICO DE MADRID. LA CRÓNICA

Foto: Karlos Aginaga

Foto: Karlos Aginaga

La Real volvió a perder. Ninguna sorpresa viendo el horrendo partido que hizo, la enésima demostración de que no sabe jugar a nada, no tiene los mecanismos propios de un equipo profesional, no supera el encefalograma plano y fracasa hasta en lo más elemental. Su derrota, ante un Atlético de Madrid lamentable, se estaba decidiendo por la genialidad de Griezmann, el único jugador potable que saltó al césped de Anoeta. Pero cuando el sopor y el más absoluto desánimo se habían llevado por delante cualquier esperanza de que este partido sirviera para la resurrección de la Real, apareció Iglesias Villanueva. La desvergüenza del colegiado, una que se ve con demasiada frecuencia en Anoeta, privó al equipo txuri urdin de conseguir un punto. No lo mereció, pero debió lograrlo. Ya en el tiempo de descuento, Jonathas fue derribado dentro del área. Un penalti de libro. E Iglesias Villanueva no lo pitó porque no le dio la gana. Sin más. No hay otra forma de entender la inquina con la que masacró a la Real a tarjetas y expulsiones justo después de que el Atlético hiciera el 0-2. No la hay. Y si no queremos verlo, seguiremos padeciendo arbitrajes tan deleznables y desvergonzados.

Antes de que Iglesias Villanueva tapara el ridículo de la Real con su injusta y dañina actuación, Moyes cumplió con lo esperado y su once para enfrentarse al Atlético se pareció mucho al de las últimas jornadas. Viendo que una vez más Agirretxe y Zurutuza le han ganado la partida por el momento a dos de los fichajes del verano, Bruma y Jonathas, lo más reseñable es que el escocés recurrió a la apuesta habitual de los últimos años en la Real cada vez que el equipo se enfrenta a uno de los llamados grandes, y colocó a Markel en el centro del campo junto a Illarramendi. Esa búsqueda de equilibrio en los partidos grandes es ya reflejo de todo lo que esta Real no es capaz de encontrar en su juego. En realidad, es que la Real no juega absolutamente a nada, y lo dramático es que da igual quién esté sobre el campo. No hay nada. El equipo tiene un encefalograma plano que asusta. No es que no haga ocasiones, que no las hace, es que falla hasta en los conceptos más básicos del fútbol, lo que convierte en algo imposible ganar un partido.

Y eso que enfrente estuvo el peor Atlético de Madrid que ha visitado Anoeta desde el ascenso. ¿Qué hizo el equipo de Simeone para buscar la victoria? Absolutamente nada. Simplemente, se encontró con una genialidad de un jugador que todavía no se sabe muy bien por qué se marchó al Calderón cuando tendría que haber fichado por el Bayern de Munich y convertirse en un nominado continuo al Balón de Oro. Griezmann, siempre el más listo de la clase, aprovechó la endeblez de la Real como conjunto y una candidez ya impropia en Illarramendi, que debió hacerle falta en el centro del campo, para arrancar con la fuerza que ya conocemos, plantarse delante de Rulli y picarle la pelota en su salida. Minuto 9 y ya se había visto en Anoeta todo lo que había que ver. Un golazo que, hay que destacarlo, parte de una nueva acción de la Real que roza lo absurdo, precisamente porque de lo que podía presumir la Real de Moyes era de fortaleza defensiva. Menos mal que su retaguardia sólo se puso a prueba en un remate de Jackson Martínez que se fue al larguero y que el horrendo Iglesias Villanueva había errado en anular por fuera de juego.

Hace un año, la Real sí reaccionó al temprano gol del Atlético, pero no todos los años van a ser fiesta. Y este equipo, desde luego, está para pocas fiestas. ¿Qué se puede destacar de la Real en un partido lamentable? Absolutamente nada. Con mucho esfuerzo, las ganas de un Agirretxe que se pasó la primera media del partido batallando por balones imposibles, por melonazos servidos desde la defensa, por intentos de pase en los que nunca tenía ventaja. Suyo fue el único intento medianamente decente de remate a puerta en los primeros 45 minutos. Si acaso, que la Real de la segunda mitad sí quiso, otra cosa es saber o poder, y minimizó a un equipo que lucha por el título de Liga hasta el punto de hacerle dar pelotazo tras pelotazo y defendiendo en su área como si fuera un Segunda B. El resto, un solar. Y eso, viendo la plantilla que tiene la Real, duele muchísimo. Moyes tiene que asumir ya su responsabilidad en el hecho de que su equipo ni juega, ni manda, ni convence. Todo es plano. La única salida de balón es a pelotazo y tentetieso o por medio de los laterales, y desperdiciar así a un Illarramendi que tiene que dar un paso adelante ya es casi un delito.

Así las cosas, la brusquedad del Atlético, su dominio de eso que eufemísticamente se llama el otro fútbol, es lo único que animaba el partido. Iglesias Villanueva, que claramente no tiene ni idea de lo que sucede en los partidos y sus decisiones obedecen al azar o a las mareas, pareció marcar el terreno con tres tarjetas en media hora, a Godín, Jiménez y Correa, pero ni siquiera tener a los dos centrales colchoneros amonestados reactivó a la Real. A lo mejor esa desidia txuri urdin contribuyó a que el colegiado se saltara ya algunas faltas evidentes en la primera mitad, sobre todo una a Agirretxe sin balón cuando buscaba un desmarque en la frontal del área que pareció clamorosa. Para compensar un poco, Markel se provocó una amarilla absurda y estuvo jugándose la segunda durante los instantes finales de la primera mitad, primero en una entrada por detrás en el centro del campo y después en la frontal del área. De la Bella se lanzó a protestar como loco esa acción, se llevó él la amarilla por protestar y quizá así evitó que Iglesias Villanueva tuviera la tentación de mandar a Markel a la ducha, algo que también estuvo cerca de provocar en un salto con Oblak ya en la segunda mitad.

La Real, sin ideas y desde luego sin ocasiones claras de gol, al menos fue capaz de encerrar al Atlético en su área. El enésimo fracaso de la temporada a balón parado, área que ahora ya parece corresponder en exclusiva a Illarramendi, hizo que los córners no tuvieran más peligro que el que provocó Jackson Martínez sobre su propia portería en el minuto 61. Hasta entonces, nada. De nuevo Moyes se conformó en un partido paupérrimo de los suyos y depositó una fe ya inadmisible en el once con el que inició el partido, cuando nada de lo visto invitaba al optimismo. Su primer cambio, de hecho, no llegó hasta el minuto 73. Y, efectivamente, nada había hecho hasta ese momento la Real para buscar el empate. Con una claridad nula, al menos en el tramo final del encuentro la Real sí sembró algo de inquietud en la portería de Oblak. Primero con un disparo de Vela que se marchó a córner. Después, en ese mismo córner y casi por accidente estuvo a punto de marcar Zurutuza y acto seguido fue Bruma, precisamente el primer jugador que metió Moyes en el partido por un apagadísimo Canales, quien disparó a las manos del guardameta rojiblanco.

Para entonces, Moyes ya, al fin, había agotado los cambios: Pardo por Markel y Jonathas por Zurutuza. Era el minuto 84. Viendo el paupérrimo partido de la Real, decir que los cambios llegaron tarde es quedarse corto, y Moyes tiene que empezar a darse cuenta de que se ha confeccionado una plantilla de 25 jugadores precisamente porque él lo ha pedido. La intrascendencia de Vela, que necesita ya banquillo para dar oportunidades a Oyarzun o Chory Castro, provocó una ocasión del Atlético muy clara, con un disparo que repelió Rulli y que después Tiago mandó a las nubes. Tras esa jugada, con la enésima pérdida de tiempo del Atlético que claramente Iglesias Villanueva no cortó porque no quiso (y que todo el mundo sabía que no iba a añadir a la prolongación, no lo hizo ni tras su escabechina final), tuvo la piel muy fina para expulsar a Reyes por doble amarilla por su protesta. Con diez, la Real se agarró a la heroica y Jonathas quiso todo el protagonismo. Primero forzó una amarilla a Gabi con una gran arrancada y después fue él quien sufrió el clarísimo penalti de Giménez, que además habría supuesto su expulsión.

Apelar al fallo humano con arbitrajes como el de Iglesias Villanueva es ponerse una venda y no querer ver un problema de enorme calado. Iglesias Villanueva vio el penalti y no lo pitó, él sabrá por qué, porque podríamos apostar claramente a que dentro de dos, tres o diez jornadas habrá una jugada parecida y sí lo pitará. Mientras no sepamos por qué pitan lo que pitan, podrán seguir haciendo lo que quieran y no serán los jueces que tendrían que ser, sino unos personajes que alteran resultados por razones difíciles de entender desde fuera, no se ganarán el respeto que merece su profesión porque, directamente, no se lo ganan con su trabajo. Con el patético partido que había hecho la Real hasta ese minuto, merecedor de todas las críticas posibles para su entrenador y sus jugadores, fue Iglesias Villanueva quien impidió que sacara un punto de él, antes de que Carrasco celebrara el 0-2 en una contra como si hubiera marcado el gol de Maradona. Tras no pitar el penalti y apuntar el 0-2, el colegiado, con una enorme inquina, decidió castigar a la Real con una dureza que simplemente resulta inaceptable. En las protestas realistas, que poco se parecieron a las de otros muchos partidos con otros equipos que ya hemos visto en demasiadas ocasiones, convirtió su mano en un rifle de repetición, expulsó a Jonathas, amonesto a Rulli, a Pardo y, antes de ver su acta, quién sabe si a alguien más.

Pero volviendo a la Real, a lo que sí puede controlar, su actuación fue terrible, y agrava aún más los muchos problemas que ha evidenciado esta temporada. Nada parece despertar a un equipo plano, aburrido, frustrado y frustrante. Moyes no es capaz de sacar nada de la plantilla más cara de la historia del club txuri urdin y eso tiene que empezar a pasarle factura ya, porque es inaceptable que este equipo sólo haya ganado uno de los ocho partidos que haya disputado y que si no está en puestos de descenso es, sencillamente, porque el nivel de la Liga es lamentable. La Real no juega a nada, no genera ocasiones y no ve luz alguna. Ni al principio ni al final del túnel, como no sea directamente la de la muerte. En coma ya está, porque ningún jugador coge la responsabilidad de echarse el equipo a la espalda y porque Moyes no ha sido capaz de aportarle la firmeza necesaria, ni siquiera a balón parado. Estar una serie de jornadas sin encajar gol no ha sido más que un espejismo, y esconderse detrás de él, o incluso en desastres arbitrales como el de Iglesias Villanueva ya no soluciona absolutamente nada. O se reacciona o una plantilla pensada para ir a Europa va a pensar por mantenerse en Primera.

 

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