Martes, 24 de octubre de 2017

PRIMER EQUIPO

Un gran problema arbitral

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2016-17. (5ªParte)

La Real tiene un problema arbitral. Se viene manifestando desde hace años, y no tiene que ver ni con que el equipo acierte o se equivoque en el campo, pero la cuestión es que nadie hace nada por resolverlo, e incluso parece que denunciarlo es un síntoma de mal perdedor. Las pataletas puntuales no sirven de mucho, pero es lo único que se produce. Quedan en la memoria declaraciones como las de Yuri tras la derrota en el Vicente Calderón y el doble rasero de Undiano Mallenco, o los tweets de Zurutuza tras el clarísimo gol legal de Juanmi al Barcelona después de que solo el asistente de Gil Manzano viera al realista en fuera de juego. Pero ahí queda todo. Y un año más, el respeto con el que la Real trata a los árbitros, indiscutible y lejos de las tácticas intimidatorias de rodear al trencilla en cada decisión polémica que se ve en partidos del Barcelona, el Athletic, el Sevilla o el Real Madrid, no sirve de nada.

No se puede decir que este año la Real haya salido malparada, por ejemplo, en los penaltis. Ha tenido ocho a favor, de los que anotó siete y solo Vela falló ante el parapenaltis Diego Alves, y siete en contra, de los que seis acabaron en gol. Pero no está ahí el problema, no es un debate sobre jugadas puntuales resueltas hacia uno u otro lado. La cuestión radica en el doble rasero continuo. En lo fácil que sigue siendo pitar a la Real. En que a Zurutuza, Yuri o Granero no se le quitan tarjetas que sí se le quitan a otros jugadores. Sangrantes serán durante mucho tiempo el perdón exprés que recibió Iago Aspas, el máximo goleador del Celta, para poder jugar así en la última jornada ante la Real, con el consiguiente penaltito que se le pitó y que él mismo marcó a pesar de no tener que estar sobre el campo, la expulsión a Granero por fingir un penalti ante el Alavés que ni siquiera protestó y que llegó solo unos días después de que tres caídas de jugadores del Athletic en el área de la Real en Anoeta lograran el fruto de un penalti y ninguna amonestación.

Pero sobre todo lo que molesta es lo poco que se gratifica la propuesta de la Real. El equipo de Eusebio busca jugar al fútbol. No al otro fútbol que se dice y que tanto dominan algunos. Ocupa el undécimo puesto en número de faltas cometidas y el segundo en faltas recibidas, solo por detrás de Las Palmas y por delante del Barcelona. Y sin embargo, la Real es el tercer equipo con más jugadores expulsados, nada menos que seis, uno menos que Málaga y Celta. Si se quiere coger la referencia de los equipos contra los que ha luchado la Real, el Athletic es el segundo equipo con menos tarjetas rojas, solo dos y solo superado por el Barcelona, con una, a pesar por ejemplo de que Raúl García es el jugador de la Liga que más faltas comete, y el Villarreal tuvo cuatro expulsiones. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué tiene la Real que es tan fácil penalizarle con amonestaciones?

Entre los 30 jugadores que más faltas han cometido en la Liga solo hay uno de la Real, Zurutuza, en el puesto undécimo, mientras que entre los que más infracciones han recibido hay cuatro: Vela es el tercero, por detrás de Neymar y Dani Ceballos; Illarramendi es el vigésimo; Xabi Prieto el vigésimosegundo y Oyarzabal el vigésimocuarto. ¿Se penalizan esas constantes faltas contra el centro del campo de la Real que tanto frenan a un equipo que quiere sacar el balón jugado? No. Nunca. Sin disculpar sus deméritos, que los ha tenido, no es tan descabellado relacionar el hecho de que hay partidos en los que la Real no es capaz de tirar a puerta con la veintena de jugadas que se abortan con falta en su centro del campo. Anoeta ve continuamente como las primeras tarjetas a los rivales no llegan hasta mediada la segunda mitad. Hay incontables encuentros en los que sucede de esa manera. Como también hay innumerables partidos en los que, ante la necesidad de marcar para ganar o empatar, el descuento es exiguo e injusto para con las pérdidas de tiempo del rival. Los cuatro de descuento en Balaídos que permitieron el éxito final se pueden ver como una rareza.

Puestos, en todo caso, a personificar el grave problema arbitral que sufre la Real, con más o menos incidencia en la clasificación final (que la ha tenido, porque incluso el nada sospechoso de ser realista Urizar Azpitarte, en sus valoraciones para el diario As, colocó a la Real, a poco del final de la Liga, nada menos que en puesto Champions en su clasificación alternativa de la Liga sin errores arbitrales), hay que hablar de González González. No es de recibo que un colegiado de tan dramático balance contra la Real fuera el designado para dirigir el partido de ida de la eliminatoria copera contra el Barcelona, después de ser él el artífice de que se perdiera la opción de llegar a la final hace un par de años. O que después de eso, por ejemplo, se le volviera a designar para el partido que jugó la Real en Sevilla en la jornada 36 y en la que se encargó de expulsar a Zurutuza él sabrá por qué. Solo él provoca protestas desquiciadas de Iñigo o Illarramendi, lo que invita a pensar que algo hay. Y sigue siendo el árbitro escogido para partidos de gran relevancia. ¿Por qué? A saber.

No se trata de acertar en fueras de juego, expulsiones, goles o penaltis. Eso es un problema que puede afectar a todos y que el fútbol no quiere resolver, porque rechaza el uso de la tecnología que podría ayudar y porque no se forma a los profesionales para que tengan un nivel mucho más adecuado, uno que hoy por hoy no tienen. Se trata de que las decisiones sean iguales para todos y de que se beneficie a quien quiere jugar. Y en eso la Real no puede decir que sea tratada con justicia. Es imposible cuantificar cuánto beneficiaría al equipo txuri urdin en la clasificación que tuviéramos arbitrajes decentes en el trato y ecuánimes en el rasero aplicado a todos los equipos, pero pocos podrán poner en duda que no tenerlos ha penalizado y mucho al equipo de Eusebio. Decirlo no es una pataleta. Al contrario, forma parte de un análisis que en el mundo del fútbol solo se hace para fomentar polémicas con fecha de caducidad y que tendría que ser mucho más propio en beneficio de todos.

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