Lunes, 4 de diciembre de 2017

PRIMER EQUIPO

Regando sueños

DESDE SEVILLA VEO LA CONCHA

Foto: Karlos Aginaga

Foto: Karlos Aginaga

Si algo hace diferente y especial a la Real es su seña de identidad tan arraigada en San Sebastián y su provincia, Guipúzcoa, la más pequeña del mapa geopolítico, la más grande y poderosa de nuestro mapa sentimental. No se entendería este club, ni existiría siquiera, sin esa simbiosis entre su gente y la propia estructura del Club. La cantera ha sido, es y será siempre la leña que azuza el fuego en esa cocina económica de las de toda la vida. Una cantera que es inagotable e integral. Una cantera que empieza en la grada, o a pie de campo de campo como recogepelotas, que se traslada a los campos de entrenamiento de Zubieta, más tarde al césped de Anoeta y de todos los campos de la liga y Europa, y que después pasa de nuevo a la tribuna, o al palco…y así generación tras generación desde hace más de cien años.

Mucho mérito tienen nuestros mayores, aquellos que han visto levantar títulos, copas y trofeos a nuestra Real y que han sabido transmitirnos a una gran parte de generaciones que justo nacimos con esos éxitos ya conseguidos, ese amor a los colores y el escudo de la Real. Suena sencillo pero no es nada fácil inocular a la gente joven esa dosis de realismo en estos tiempos tan globalizados que corren. Cantera y afición es que el Olentzero o los Reyes Magos traigan a la inmensa mayoría de los niños guipuzcoanos la camiseta de la Real con el 10 de Xabi Prieto y no la de cualquier otro equipo que no deja de salir una y otra vez por la tele de manera pedante y tendenciosa.

Antes, en los años cuando apenas había mercado de fichajes e incluso las décadas anteriores a que se abriese el mercado a jugadores extranjeros, parecía más normal que los equipos jugasen con lo de casa, más que nada porque no parecía que quedase otra. Después sin embargo cada uno escogió el camino que quería seguir y ahí se terminó de fraguar el ADN de cada cual. Es una gozada tirar de pósters y cromos de los 70-80 en adelante y ver cómo chavales de por aquí les plantan cara desde hace muchos años ya a estrellas internacionales más propias del cine y el rock que de un deporte llamado fútbol. Y no sólo eso, en muchas ocasiones ya los grandes y tiranos de este circo han sucumbido y recurrido al talonario para comprarnos lo que no han sido capaces de generar.

Por no irme muy atrás, desde los Luis Pérez, Imanol Aguacil, Andoni Imaz, Alkiza, Alberto, Pikabea, Aranzábal, De Pedro, Aitor López Rekarte, Alonso…y hasta los actuales Illarramendi, Griezman, Xabi Prieto, Iñigo Martínez,  Zurutuza o Agirretxe, han pasado decenas y decenas de sueños que algunos se han cumplido del todo, otros parcialmente y otros también que se han quedado en una noche o tarde mágica, que no es poco, y por lo que muchos habríamos ansiado toda la vida. Hoy, los Elustondo, Odriozola, Oyarzabal y compañía son una continuación de ese camino donde siempre emergen sueños entre la piedrilla y que aprovechan los resquicios del sol y las gotas de lluvia para hacerse paso. La semilla se planta en casa, y se riega y se riega hasta que, fruto del trabajo, la suerte, y la ayuda del que tiene el agua, brota un tallo que sólo sabrá mirar hacia el cielo.

Ya lo dice una canción de Marea, “no hay romance ni flor que supuren amor viviendo en un florero; no se puede regar con agua con sal las matas del romero; los tallos de verdad no se deben quebrar, no.”

Sigamos regando sueños, Real.

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