Lunes, 5 de febrero de 2018

PRIMER EQUIPO

No nos van las mentiras

DESDE SEVILLA VEO LA CONCHA

Foto: Deia

Foto: Deia

Ni nos van las mentiras que vende una y otra vez el Athletic Club de Bilbao ni tampoco nos van las mentiras en nuestra propia casa. No es difícil de entender: no nos gustan las mentiras. No nos va esa sarta de falsedades y alucinaciones que a modo de hilos usan para tejar esa gran farsa a la que quieren dar la entidad de filosofía. No somos de repetir una y otra vez una mentira hasta querer convertirla en verdad por pesados y fanfarrones victimas de su propia paranoia. Les da igual, no son conscientes, dentro de ese axioma todo les cuadra. Como en el patio del cole: es mi balón y son las reglas que yo quiero, y las cambio cuando me da la gana.

No nos van las mentiras como decir en entrevistas y ruedas de prensa que nunca te irías al otro bando. No somos tontos ni ingenuos y sabemos de sobra en qué gran mierda se ha convertido el fútbol moderno. De hecho lo sabemos mejor que tú porque somos los que pagamos las consecuencias. Tampoco nos gusta la cobardía. Es evidente con esta maniobra rastrera que desde siempre has tenido claro que te irías a donde más te pagaran, fuera donde fuese. Hasta ahí todo correcto. Fútbol. Un trabajo más. Pero amigo, te han faltado pelotas y sobrado vergüenza para haberte callado todas esas veces en las que te las dabas de Xabi Prieto ante los medios. Lo fácil es regalar el oído, lo difícil es callar sabiendo que en cualquier momento vas a hacer lo contrario. Cobarde de primero, mentiroso de segundo e hipócrita de postre. Buen menú, que te aproveche.

Me hubiera gustado ver la cara o las palabras que te haya podido decir Xabi Prieto cuando con la capucha puesta entraste ayer en Zubieta por última vez. Seguro que no te habrá expresado ni la mitad de las cosas que le pediría el cuerpo, porque él está en otra dimensión, en la nuestra, en la de sin mentiras. A ti la Real te ha quedado grande, entre otras cosas porque gente como el que hasta hace unas horas era tu capitán ha contribuido a hacer la Real más grande, tanto como para que a ti te vaya larga.

Recordaré por siempre aquel gol desde medio campo en aquella victoria en el campo el Betis. Me dejé las palmas de las manos de tanto golpear la mampara de cristal de la jaula en la que estábamos cuatro gatos. A la salida, mientras tú te duchabas tranquilamente, nos quisieron pegar, por eso también lo recordaré siempre. Pero no te equivoques, cuando se lo cuente a mi hijo y cada vez que me venga a la cabeza ese partido, lo recordaré como un gol de la Real, como una victoria de la Real, pues por llevar esa camiseta y celebrar ese gol casi me parten la cara, no por ser seguidor de un tal Iñigo Martínez Berridi.

A partir de ya solo quedan dos opciones, ver llover, ver cómo se embarra el terreno y quedarse mirando agazapado tras la ventana o romper el cristal, salir al barro, animar a los nuestros y ponernos el chubasquero para que llueva lo que quiera llover. Yo me quedo con lo segundo, eso sí, siempre con el chubasquero de la Real.

Te has pasado de frenada, como aquella vez con tu pedazo Audi R8, y de nuevo, te has bajado del coche que te ha llevado a tener el honor de vestir una camiseta que te quedaba grande, enorme. Jugabas de defensa pero no tienes ni idea de lo que es defender un escudo y mucho menos una afición. Y eso sí que no te lo va dar todo el dinero del mundo.

Agur, te olvidaremos rápido. Seguro.

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