Miércoles, 7 de febrero de 2018

PRIMER EQUIPO

¡Que llega el lobo!

DESDE SEVILLA VEO LA CONCHA

Foto: Unai de Miguel

Foto: Unai de Miguel

Todo empieza un día que a la casita del Gran Ciervo llega corriendo como alma que lleva el diablo el conejo gritando que le abran la puerta deprisa que llega el lobo. El Gran Ciervo le deja entrar y le coge la mano, para tranquilizarle, y al cabo de un rato llega el cerdito gritando también como loco que le dejen pasar alertando de que llega el lobo. Posteriormente pasará lo mismo con el osito. Finalmente cuando llega el lobo todos gritan… ¡Sorpresa! ¡Feliz Cumpleaños Lobo!

El cuento impresiona mucho a los niños ya que juega con el efecto sorpresa, parece que al principio todos están muertos de miedo porque viene el lobo pero en realidad le están preparando una fiesta de cumpleaños ya que son sus amigos.

En el fútbol, somos más del otro cuento, de la otra versión, la de Pedro, que se divertía a costa de la gente de su pueblo gritando y pidiendo socorro porque venía el lobo una y otra vez, siempre mentira, hasta que de verdad vino el lobo y sus gritos fueron en vano. Los aldeanos hartos ya de tantas mentiras hicieron oídos sordos  y el lobo se comió una cuantas ovejas de Pedro.

Pasado ya el temporal provocado por el ‘Beckenbauer  de Ondarroa’,  el Deportivo de La Coruña clavó a la perfección el papel del lobo bueno, el del cumple, e hizo de invitado perfecto para que después de varias semanas  de sufrimiento darnos un festín de goles y sumar tres puntos que empezaban a ser ya muy urgentes. Demasiado. Antes ya había habido preparadas otras fiestas sorpresa pero el lobo de turno resultó que nos mordió y en lugar de ovejas se llevó puntos. Demasiados.

Y como hablar de lobos en esta Liga es hablar de Real Madrid y F.C. Barcelona principalmente, el sábado somos nosotros los que vamos a la casa del lobo. Quién sabe si ahora que se acerca el carnaval sea la Real la que se disfrace de lobo feroz, muy feroz, y consiga sacar algo de esa guarida tan prohibida para nosotros de un tiempo a esta parte. Quizá el árbitro, y los jueces de línea, y la suerte incluso tendrían que disfrazarse de yo que sé qué para que de una vez por todas cambie el final del cuento. Ojalá.

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